La eficacia del tratamiento con rellenos para cicatrices varía significativamente según el tipo de cicatriz atrófica. Las cicatrices de acné atróficas se clasifican generalmente en tres subtipos principales: rolling, boxcar y icepick.
Entre estos, las cicatrices rolling, caracterizadas por una transición gradual desde la piel normal hacia la zona cicatricial y una morfología superficial ondulada, se asocian con las tasas más altas de éxito terapéutico. Con un número adecuado de sesiones de tratamiento, puede lograrse un aplanamiento casi completo en la mayoría de los casos. Sin embargo, el número exacto de sesiones necesarias no puede predecirse de manera fiable antes del tratamiento.
En contraste, las cicatrices boxcar, definidas por depresiones bien delimitadas con apariencia de cráter y bordes marcados, muestran una respuesta más heterogénea al tratamiento. Mientras que en algunos subtipos puede alcanzarse un aplanamiento completo, en otros casos solo se observa una mejoría parcial, y no siempre es posible lograr resultados estéticos óptimos. Además, un subgrupo de cicatrices boxcar presenta una respuesta mínima al tratamiento con rellenos.
Las cicatrices icepick, caracterizadas por su diámetro estrecho y su gran profundidad, similares a marcas de punción, suelen mostrar la menor respuesta al tratamiento. Aunque pueden obtenerse resultados satisfactorios en un número limitado de casos, la mayoría de los pacientes presenta solo una mejoría clínica mínima tras el tratamiento.
En conclusión, el tipo de cicatriz es un determinante clave del éxito del tratamiento con rellenos para cicatrices. No obstante, incluso dentro del mismo subtipo de cicatriz, los resultados pueden variar considerablemente en función de las características individuales de la piel, la profundidad de la cicatriz y la respuesta tisular específica de cada paciente.